¿Qué habilidades pueden desarrollar los niños mediante los videojuegos?

Un niño está intentando superar un nivel. Prueba un camino y falla. Cambia de estrategia, observa qué sucede, recuerda dónde apareció el obstáculo y vuelve a intentarlo. Minutos después, consigue avanzar.
Aunque desde fuera pueda parecer que simplemente está jugando, durante esa experiencia ha tenido que prestar atención, recordar información, tomar decisiones y adaptarse a un problema.
Situaciones como esta explican por qué muchos padres se preguntan qué habilidades pueden desarrollar los niños mediante los videojuegos. La respuesta requiere cierta prudencia: los videojuegos pueden ofrecer oportunidades para practicar diferentes capacidades, pero los resultados dependen del tipo de juego, la edad, el contenido, la forma de jugar y el contexto.
Además, mejorar dentro de un videojuego no significa automáticamente trasladar esa habilidad a todas las situaciones de la vida real.
Por eso resulta más útil conocer qué procesos puede poner en práctica cada tipo de juego y cómo los adultos pueden ayudar a que esas experiencias formen parte de un desarrollo más amplio.
- Resolver problemas: una de las habilidades más presentes al jugar
- Planificar antes de actuar
- Atención y concentración: depende mucho de la actividad
- Memoria y reconocimiento de patrones
- Orientación espacial y comprensión del entorno virtual
- Coordinación entre lo que se observa y lo que se hace
- Aprender a tomar decisiones con información limitada
- Perseverar cuando algo no sale a la primera
- Los juegos cooperativos pueden exigir habilidades sociales
- Creatividad: cuando el videojuego permite construir en lugar de seguir un único camino
- Leer, comprender instrucciones y aprender vocabulario
- Saber perder también puede aprenderse jugando
- No todas las habilidades aprendidas dentro del juego pasan automáticamente a la vida real
- Cómo elegir videojuegos que planteen desafíos interesantes
- Preguntas que suelen hacerse los padres
- El videojuego puede ser un espacio de práctica, no el único lugar para aprender
Resolver problemas: una de las habilidades más presentes al jugar
Muchos videojuegos están construidos alrededor de problemas que el jugador necesita solucionar.
Puede tener que encontrar una ruta, descubrir cómo abrir una puerta, administrar determinados recursos o elegir entre diferentes estrategias.
En estas situaciones aparece un proceso interesante:
El niño identifica el problema, prueba una solución, observa el resultado y modifica su estrategia.
Supongamos que necesita construir un puente utilizando una cantidad limitada de materiales. Su primera construcción no funciona.
Tiene dos posibilidades: abandonar o intentar comprender qué salió mal.
Si decide continuar, probablemente modifique la estructura, pruebe otros materiales o cambie el diseño.
Este ciclo de prueba, error y ajuste puede resultar valioso porque presenta el error como información.
Sin embargo, no todos los juegos ofrecen problemas con la misma profundidad. Algunos exigen planificación compleja y otros dependen principalmente de repetir determinadas acciones.
Por eso, si queremos utilizar videojuegos como una oportunidad para desarrollar habilidades, debemos observar qué está haciendo realmente el niño dentro del juego.
Planificar antes de actuar
Los juegos de estrategia, construcción o administración pueden exigir algo que no siempre resulta evidente para quien observa desde fuera: pensar varios pasos por adelantado.
El jugador dispone de recursos limitados y necesita decidir cómo utilizarlos.
¿Gastar ahora o guardar para después?
¿Construir primero una cosa o mejorar otra?
¿Tomar un camino corto pero complicado o uno más largo y seguro?
Estas pequeñas decisiones pueden favorecer la práctica de la planificación.
También permiten comprender que una decisión inmediata puede tener consecuencias posteriores.
Un padre puede aprovechar esta dinámica sin convertir el videojuego en una clase.
Después de una partida puede preguntar:
“¿Por qué elegiste hacer eso primero?”
La respuesta puede revelar un razonamiento bastante elaborado.
Quizá el niño diga:
“Necesitaba guardar esos recursos porque sabía que después iba a necesitarlos”.
En ese momento no solamente está describiendo el juego. Está explicando una estrategia.
Atención y concentración: depende mucho de la actividad
Los videojuegos suelen exigir atención.
Hay que observar elementos en pantalla, seguir instrucciones, detectar cambios y responder a determinados acontecimientos.
Algunos requieren mantener la atención sobre un objetivo durante bastante tiempo.
Otros obligan a distribuirla entre varias fuentes de información.
Esto puede ofrecer oportunidades para practicar determinadas formas de atención dentro del propio juego.
Pero aquí conviene hacer una distinción importante.
Que un niño consiga concentrarse durante mucho tiempo en su videojuego favorito no significa necesariamente que vaya a concentrarse de la misma manera durante una clase o mientras realiza una tarea escolar.
La motivación, el contexto y el tipo de actividad son diferentes.
Por eso sería exagerado afirmar:
“Los videojuegos mejoran la concentración de todos los niños”.
Una formulación más prudente sería decir que ciertos videojuegos requieren procesos atencionales y pueden proporcionar oportunidades para practicarlos dentro de ese contexto.
La transferencia a otras situaciones no debe darse por sentada.
Memoria y reconocimiento de patrones
Muchos juegos obligan a recordar información.
Puede tratarse de la ubicación de un objeto, una combinación de movimientos, las características de determinados personajes o la secuencia necesaria para resolver un problema.
También es habitual reconocer patrones.
El jugador descubre, por ejemplo, que determinado acontecimiento siempre ocurre después de una señal concreta.
La primera vez lo sorprende.
La segunda empieza a sospecharlo.
La tercera se anticipa.
Esta capacidad de observar regularidades forma parte de muchos procesos de aprendizaje.
En los videojuegos aparece constantemente porque las reglas necesitan ser descubiertas y utilizadas para avanzar.
Algunos títulos incluso presentan rompecabezas que requieren recordar información obtenida anteriormente.
Una vez más, el beneficio dependerá del diseño.
Un videojuego que exige recordar y relacionar información proporciona una experiencia diferente de otro basado principalmente en repetir acciones simples.
Orientación espacial y comprensión del entorno virtual
Moverse por un mundo tridimensional puede exigir construir mentalmente una representación del espacio.
¿Dónde estoy?
¿De dónde vengo?
¿Qué camino lleva hacia el objetivo?
¿Cómo regreso a un lugar que visité anteriormente?
En determinados videojuegos, el jugador necesita interpretar mapas, reconocer puntos de referencia y comprender relaciones espaciales.
Los juegos de construcción añaden otra dimensión.
El niño puede imaginar una estructura antes de crearla, calcular aproximadamente cuánto espacio necesita y reorganizar los elementos cuando el resultado no coincide con lo que había pensado.
Estas actividades pueden poner en práctica razonamiento espacial dentro del entorno digital.
Una forma interesante de extender la experiencia consiste en llevar algunas ideas fuera de la pantalla.
Si un niño disfruta construyendo, también puede utilizar bloques físicos, dibujar planos sencillos o diseñar algo con materiales reales.
No se trata de reemplazar el videojuego, sino de ampliar la experiencia.
Coordinación entre lo que se observa y lo que se hace
Muchos videojuegos requieren interpretar información visual y responder mediante movimientos concretos con un mando, teclado, ratón o pantalla táctil.
Con la práctica, las acciones pueden volverse cada vez más precisas.
Un jugador principiante quizá tenga que mirar constantemente los botones.
Después de un tiempo puede realizar determinadas combinaciones prácticamente sin pensar en cada movimiento.
Los juegos que exigen precisión o sincronización proporcionan oportunidades para practicar coordinación dentro de esa actividad.
Pero, igual que ocurre con otras habilidades, hay que evitar generalizaciones excesivas.
Ser muy hábil utilizando un mando no significa automáticamente tener una coordinación extraordinaria para cualquier actividad física.
Las habilidades suelen estar relacionadas con el contexto en el que se practican.
Aprender a tomar decisiones con información limitada
En determinados juegos no existe tiempo para analizar todas las alternativas durante varios minutos.
El jugador debe observar una situación, identificar las opciones disponibles y elegir.
Después descubre las consecuencias.
Este tipo de decisiones puede repetirse muchas veces durante una partida.
En otros juegos ocurre exactamente lo contrario: hay tiempo suficiente para detenerse, comparar posibilidades y planificar.
Ambas experiencias son diferentes.
Una trabaja decisiones rápidas dentro de reglas conocidas.
La otra puede favorecer una reflexión más pausada.
Para los padres puede resultar interesante observar cómo decide el niño.
¿Actúa siempre inmediatamente?
¿Analiza primero?
¿Cambia su estrategia después de equivocarse?
Preguntar por estas decisiones puede ser mucho más enriquecedor que interesarse únicamente por si ganó o perdió.
Perseverar cuando algo no sale a la primera
Los videojuegos presentan obstáculos constantemente.
Un nivel difícil puede necesitar varios intentos.
La primera vez, el jugador falla rápidamente.
La segunda llega un poco más lejos.
Después descubre algo que no había observado.
Finalmente consigue superar el desafío.
Este proceso puede ofrecer una oportunidad para practicar perseverancia y tolerancia ante errores.
Pero existe una diferencia entre perseverar y frustrarse continuamente.
Si el nivel es demasiado difícil para la edad o experiencia del niño, la actividad puede dejar de resultar constructiva.
Por eso la dificultad necesita estar razonablemente adaptada.
Los padres también pueden ayudar mediante el lenguaje.
En lugar de resolver inmediatamente el problema, pueden preguntar:
“¿Qué podrías probar diferente?”
Así permiten que el niño continúe buscando una solución.
Cuando finalmente lo consigue, es más útil valorar el proceso que limitarse al resultado:
“Probaste varias estrategias hasta encontrar una que funcionó”.
No todos los videojuegos se juegan en solitario.
En experiencias cooperativas, dos o más jugadores pueden necesitar trabajar juntos.
Uno realiza una tarea mientras otro se ocupa de algo diferente.
Para conseguir el objetivo tienen que comunicarse.
Esto puede implicar explicar ideas, escuchar instrucciones, negociar decisiones y coordinar acciones.
Imaginemos a dos hermanos intentando resolver un desafío.
Uno quiere avanzar rápidamente.
El otro considera que deberían explorar primero.
Para continuar necesitan llegar a algún tipo de acuerdo.
Estas situaciones pueden proporcionar oportunidades para practicar cooperación.
Pero jugar online también introduce riesgos y desafíos.
Puede existir comunicación con desconocidos, lenguaje inapropiado o conflictos entre jugadores.
Cuando participan menores, el acompañamiento de los padres sigue siendo importante.
Conviene conocer con quién juegan, qué herramientas de comunicación utiliza el videojuego y qué opciones de privacidad y seguridad están disponibles.
Creatividad: cuando el videojuego permite construir en lugar de seguir un único camino
Algunos videojuegos proporcionan herramientas y dejan que el jugador decida qué hacer con ellas.
Puede construir una casa, diseñar un circuito, crear un personaje, desarrollar un mundo o buscar diferentes soluciones para un mismo problema.
En estas experiencias, el jugador no se limita a seguir instrucciones.
Tiene que imaginar un resultado.
Después intenta crearlo.
No siempre sale como esperaba y necesita modificarlo.
Esto puede generar un proceso creativo interesante.
Los padres pueden ampliarlo fácilmente.
Si un niño construye una ciudad virtual, pueden preguntarle:
“¿Por qué colocaste esa zona allí?”
“¿Qué cambiarías?”
“¿Puedes dibujar cómo sería esa ciudad fuera del videojuego?”
La conversación permite transformar una creación digital en una oportunidad para explicar, justificar y desarrollar ideas.
Leer, comprender instrucciones y aprender vocabulario
Los videojuegos contienen texto.
Hay menús, objetivos, diálogos, descripciones, instrucciones y reglas.
Dependiendo del título, comprender correctamente esa información puede ser necesario para avanzar.
Esto puede motivar a algunos niños a leer con un propósito muy concreto.
No están leyendo porque alguien les pidió completar un ejercicio.
Necesitan entender algo porque quieren continuar jugando.
También puede aparecer vocabulario nuevo.
Incluso algunos jóvenes se encuentran con palabras de otros idiomas debido a los videojuegos que utilizan.
Sin embargo, esto no convierte automáticamente cualquier juego en una herramienta para aprender a leer o estudiar idiomas.
Puede ser un complemento o una fuente de curiosidad, pero la lectura y el aprendizaje lingüístico requieren experiencias mucho más amplias.
Saber perder también puede aprenderse jugando
No todas las habilidades relacionadas con los videojuegos son cognitivas.
Las emociones forman parte de la experiencia.
Perder una partida puede generar frustración.
Cometer un error cuando se juega en equipo puede provocar vergüenza o enfado.
Ganar puede producir entusiasmo.
Todas estas situaciones ofrecen oportunidades para aprender a manejar emociones, siempre que exista un entorno adecuado.
Un niño puede aprender que estar molesto por perder es válido, pero insultar a otra persona no lo es.
También puede aprender a felicitar a quien ganó y a reconocer sus propios errores.
Los adultos tienen aquí un papel importante.
Si los padres se burlan cuando alguien pierde o convierten cada partida en una competición exagerada, probablemente transmitan un mensaje diferente al que pretenden enseñar.
No todas las habilidades aprendidas dentro del juego pasan automáticamente a la vida real
Esta es probablemente una de las limitaciones más importantes que deben conocer los padres.
Un niño puede desarrollar una estrategia extraordinariamente eficiente dentro de un videojuego porque conoce perfectamente sus reglas.
Eso no significa que automáticamente utilizará esa misma capacidad para organizar sus tareas escolares.
Puede colaborar perfectamente con su equipo online y seguir teniendo dificultades para resolver un conflicto con su hermano.
Las habilidades necesitan contexto y oportunidades para aplicarse.
Por eso resulta útil conectar lo ocurrido en el juego con otras situaciones.
“¿Recuerdas cómo dividieron las tareas para completar aquella misión? ¿Cómo podríamos organizarnos para hacer este proyecto?”
No se trata de convertir cada partida en una lección.
Basta con aprovechar algunas oportunidades cuando aparezcan naturalmente.
Cómo elegir videojuegos que planteen desafíos interesantes
Antes de elegir un juego para un niño, conviene mirar más allá de los gráficos o de que esté de moda.
Primero debe comprobarse que su contenido sea adecuado para la edad.
Después podemos preguntarnos qué hace realmente el jugador.
¿Tiene que resolver problemas?
¿Construye?
¿Planifica?
¿Coopera?
¿Simplemente repite acciones?
¿Puede experimentar con diferentes soluciones?
También conviene revisar si incluye comunicación online, compras dentro del juego u otras funciones que requieran supervisión.
Y existe una pregunta todavía más sencilla:
¿El niño realmente disfruta jugando?
Un videojuego seleccionado únicamente porque parece educativo puede perder buena parte de su atractivo si se siente como otra tarea escolar.
El aprendizaje y el entretenimiento no necesitan estar enfrentados, pero tampoco todo momento de ocio tiene que justificar su existencia mediante una habilidad académica.
Preguntas que suelen hacerse los padres
¿Los videojuegos pueden hacer que un niño sea más inteligente?
Es una afirmación demasiado amplia. Diferentes videojuegos requieren habilidades distintas y pueden proporcionar oportunidades para practicarlas, pero no existe una única capacidad llamada “inteligencia” que aumente simplemente por jugar.
¿Qué juegos son mejores para desarrollar habilidades?
Depende de qué se quiera practicar. Los juegos de estrategia, rompecabezas, construcción, cooperación o creatividad plantean desafíos diferentes. La edad y los intereses del niño también deben considerarse.
¿Los videojuegos educativos son siempre mejores?
No. La etiqueta “educativo” no garantiza calidad. Conviene revisar qué hace realmente el niño dentro del juego y si existe relación entre esa actividad y el aprendizaje que se pretende favorecer.
¿Jugar durante más tiempo desarrolla más habilidades?
No necesariamente. Más horas no equivalen automáticamente a mayor aprendizaje. Los videojuegos deben convivir con descanso, actividad física, estudios, relaciones y otras experiencias.
¿Debo jugar con mi hijo?
No es obligatorio, pero hacerlo ocasionalmente puede ayudarte a comprender qué habilidades exige el videojuego y cómo reacciona tu hijo ante sus desafíos.
El videojuego puede ser un espacio de práctica, no el único lugar para aprender
Los videojuegos pueden plantear problemas, exigir planificación, estimular la creatividad, poner a prueba la memoria y crear situaciones donde sea necesario cooperar o perseverar.
Eso los convierte en entornos interesantes para practicar determinadas habilidades.
Pero su verdadero valor depende de cómo encajen dentro de la vida del niño.
El desarrollo infantil necesita muchas experiencias.
Construir algo en un mundo virtual puede ser estimulante, pero también lo es construir con las manos. Coordinar un equipo online puede resultar interesante, pero conversar cara a cara también enseña habilidades sociales. Resolver un rompecabezas digital puede plantear un buen desafío, pero existen muchas otras formas de aprender a solucionar problemas.
No necesitamos elegir entre videojuegos y experiencias reales.
Podemos permitir que ambas se complementen.
Cuando el contenido es adecuado, existen límites razonables y el gaming forma parte de una rutina variada, los videojuegos pueden convertirse en uno más de los espacios donde un niño prueba, se equivoca, piensa, crea y aprende.
Y quizá lo más interesante no sea preguntarle únicamente cuánto avanzó en el juego, sino algo mucho más revelador:
“¿Cómo conseguiste resolverlo?”

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